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viernes, 27 de septiembre de 2013

El bosque animado

Ficha  técnica: Título original: “El bosque animado” Año y nacionalidad: 1987, España. Producción: Eduardo Ducay, Emiliano Otegui para Classic Films Productions. Dirección: José Luis Cuerda. Dirección artística: Félix Murcia. Guión: Rafael Azcona basado en la novela homónima de Wenceslao Fernández Flórez (1943). Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: José Nieto. Duración: 108 minutos. Intérpretes: Alfredo Landa (Malvís/Fendetestas), Tito Valderde (Geraldo), Alejandra Grepi (Hermelinda), Encarna Paso (Juanita Arruallo), Miguel Rellán (Fiz de Cotovelo), Alicia Hermida (Gloria Roade), Amparo Baró (Amelia Roade), Fernando Rey (Sr. D’Abondo), María Isbert (Moucha), Luis Ciges (Loco de Vos), Luma Gómez (Marica da Fame).

Argumento: La Fraga de Cecebre es un bosque animado donde confluyen las almas de numerosos personajes, aparentemente inconexos entre sí pero vinculados por la magia del lugar. “La fraga es ella misma un ser compuesto de muchos seres. Como la ciudad. Pero es más varia que la ciudad, porque en la ciudad el hombre lo es todo y su carácter se imprime hasta el panorama urbano, y en la fraga el hombre resulta apenas un detalle del que se puede prescindir”.



Ambientación: A finales de los ‘80, Cuerda es un director formado en los documentales y las películas para televisión y Landa es un prolífico actor, formado en el teatro, que ha superado su propia etapa del “landismo” demostrando un amplio registro dramático con los principales directores españoles. La novela de Fernández Flórez, ambientada en la Galicia rural de comienzos del siglo XX, entusiasma al director manchego y sirve de inspiración al actor navarro para encarnar un personaje que pasará a formar parte del imaginario de la España tradicional.

Se trata de una historia amable donde el propio bosque es protagonista más que un mero escenario de fondo; es el anima, el alma, la razón de ser de esa forma de vida, las creencias, las costumbres… De otro modo no puede explicarse un personaje como Malvís -que se lanza a vivir como salteador de caminos bajo el nombre de Fendetestas, buscando la seguridad del bosque, para mal-robar a sus humildes vecinos aunque su sueño es atracar la casa del cura-, Geraldo el pocero -que siendo navegante soñaba con la tierra y sólo pudo volver a ella cuando un accidente le hizo dejar el mar-, la meiga Moucha -que conoce las plantas del bosque y el alma humana como si se tratara de un elemento más de la naturaleza-, Fiz de Cotovelo -cuya alma pena por el bosque al no haber podido cumplir una promesa pero cuya ilusión sigue siendo viajar a América-, las hermanas Roade –melindrosas mocitas viejas de ciudad que buscan la tranquilidad como turistas en una casa alquilada en el bosque-, Manuel el Loco de Vos -que vive en un mundo cuya felicidad irradia haciendo regalos a los señores del pazo, como si fuera uno de ellos-, Marica da Fame –una viuda sin recursos que pretende vivir del trabajo de sus hijos pequeños-… Los propios nombres parlantes de los personajes nos permiten intuir la realidad que trascienden.

Valoración: Siempre es un riesgo rodar una película basada en una obra literaria de la que existe una versión cinematográfica previa. Cuerda lo aborda acompañado de un equipo técnico impecable -del que destacan el guionista y el director de fotografía- y de los actores más representativos de la escena española -lo que confiere mayor familiaridad si cabe a los personajes-. Rafael Azcona es uno de los mejores guionistas del cine español, especializado en este tipo de temática. Quizás su vocación primera de escritor le permita la sensibilidad necesaria para convertir en diálogos esas maravillosas descripciones literarias y ajustar en un número de escenas adecuadas al metraje de la película los episodios más significativos de la novela. Por otro lado, Javier Aguirresarobe nos acerca por medio de una delicada fotografía a la atmósfera del bosque, a veces en penumbra, húmeda, misteriosa, otras alegre, jovial, llena de vida… Y qué decir del trabajo de los actores, destacando entre ellos a Alfredo Landa por su versatilidad y humanidad al encarnar un personaje tan contradictorio, que debiera despertarnos rechazo y a veces incluso nos sugiere ternura. Este buen hacer concede a la película un carácter de obra coral y un cierto aire de clasicidad que hace que no le afecte el paso del tiempo. 

No es una adaptación cinematográfica fiel a la obra literaria en el sentido de que se centra en los personajes humanos y omite toda la vida que late en la fauna y vegetación del bosque, como si no estuvieran entrelazados. Sin embargo, mantiene la estructura de estancias y muchos de los diálogos. Como dice el propio Fernández Flórez en su Ultílogo: “Y transcurrieron los días. Y los años. Y vino la Muerte y pasó su esponja por toda la extensión de la fraga y desaparecieron estos seres y las historias de estos seres. Pero detrás todo retoñaba y revivía, y se erguían otros árboles y se encorvaban otros hombres, y en las cuevas bullían carnadas recientes y la trama del tapiz no se aflojó nunca. Y allí están con sus luchas y sus amores, con sus tristezas y sus alegrías, que cada cual cree inéditas y como creadas para él, pero que son siempre las mismas, porque la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz la que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito”.  

El canto a la naturaleza de la novela lo convierte el director en un sugerente camino entre la realidad y la magia, iniciado en su primera película Total (1985) y que continuará en otras creaciones más libres, hacia el absurdo, como la comedia Amanece que no es poco (1988) y Así en el cielo como en la tierra (1995). Fue muy premiada en la II edición de los Premios Goya: mejor película, actor protagonista, música original y vestuario.

jueves, 11 de julio de 2013

¡Turismo de cine!

El cine ha generado un turismo que visita las localizaciones de los rodajes buscando revivir las escenas de nuestras películas preferidas ¿quién no ha deseado alguna vez  pasearse en Vespa por Roma como Audrey Hepburn o bañarse en la Fontana de Trevi como en La Dolce Vita? El cine aporta un valor añadido a lugares que, de por sí, ya tenían antes ese encanto necesario en la pantalla… Es un hecho innegable del que podríamos buscar numerosos ejemplos, no necesariamente de un monumento o un edificio concreto, sino de una calle, una plaza, un jardín, en definitiva un paisaje; pensemos en cuántas películas aparecen la Torre Eiffel de París, la Plaza de España de Sevilla, Central Park de Nueva York, la Toscana… Cuando los visitamos por primera vez nos viene un sentimiento de familiariedad a pesar de no haber estado nunca antes allí; y si ya los conocíamos, el encuentro resulta más emotivo cuando empezamos a fijarnos en detalles que nos habían pasado inadvertidos, buscamos las perspectivas cinematográficas, comprobamos qué había real e inventado… No nos basta con estar allí sino con vivirlo como si estuvierámos en la película. Y es que en ese momento le ponemos vida (rostros, historias) a lugares que, a lo mejor, de no ser por eso no nos dirían más que otro. Esto lo saben bien los touroperadores y por eso se ofrecen rutas en Túnez a La Guerra de las Galaxias, en Petra al templo del grial de Indiana Jones…

En este comienzo de vacaciones os propongo la siguiente selección de cine para ver y viajar.

TURISMO CULTURAL: FLORENCIA (ITALIA)
Una habitación con vistas (James Ivory, 1986)
Mi pasión por Italia me obliga a comenzar por Florencia y regresar a esta maravillosa ciudad buscando Una habitación con vistas desde la que disfrutar de sus plazas, museos, monumentos, paisajes, de una manera romántica y muy muy artística.



TURISMO RURAL: LOMBARDÍA (ITALIA)
El árbol de los zuecos (Ermanno Olmi, 1978)
Si nos adentramos en la Lombardía, podremos rescatar una época cuya vida giraba en torno al campo: cuando existían palabras de cosas que ya no se usan, oficios y habilidades que se han perdido, rostros que ya no se encuentran… que podrían haber sido de nuestros abuelos… Podría haberme quedado en Una casa en la Toscana pero he preferido buscar El árbol de los Zuecos.



TURISMO DE SOL Y PLAYA: EL LIDO. VENECIA (ITALIA)
Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971)
Para variar, podría haberme decantado por alguna playa paradisíaca pero he preferido un ambiente algo más selecto y decadente de la mano de Visconti. En estas fechas las clásicas playas de Torremolinos están saturadas y después de todo el año trabajando da pereza ir de Robinson…



TURISMO DE AVENTURAS: BRASIL, ARGENTINA, PARAGUAY
La Misión (Roland Joffé, 1986)
Y luego el mejor de los contrastes, no se puede pedir más: escalar las cataratas de Iguazú, bajar en piragua por el río Paraná, adentrarse en el Amazonas, descubrir una misión jesuítica con edificios coloniales… Podríamos haber ido a África con Robert Redford y Meryl Streep pero hubiéramos sido multitud, Sean Connery ya tenía bastante con cuidar de él mismo en El hombre que pudo reinar y el mundo no está como para darle la vuelta en 80 días con tantas catástrofes naturales, conflictos bélicos, crisis económicas y demás dificultades…



TURISMO CULINARIO: GRECIA, TURQUÍA
Un toque de canela (Tassos Boulmetis, 2003)
Así que para cerrar las vacaciones con el mejor sabor de boca, una vuelta a casa con una pequeña ruta gastronómica. Como Ferrero Rocher nos ha enseñado que en verano no se pueden hacer bombones, dejaremos Chocolat para el invierno y nos iremos al Mediterráneo a disfrutar de las especias de Un toque de canela.



En nuestra propuesta, los personajes no siempre están de vacaciones… Así que imaginemos que sean nuestros anfitriones a unos paisajes y modos de vida que nos hagan sentir allí… ¿A dónde viajaríais vosotros?, ¿qué películas propondríais como guía de viaje?

lunes, 24 de junio de 2013

La linterna mágica

La linterna mágica es un precedente de la cinematografía, a partir de la inversión del fenómeno óptico de la cámara oscura.

La cámara oscura es un instrumento que obtiene imágenes del exterior a partir de la proyección de un pequeño rayo de luz sobre una superficie oscura; las imágenes reales se muestran invertidas y en movimiento. Se trata de un fenómeno conocido desde la antigüedad, utilizado por pintores -como Canaletto- para ayudarse en los dibujos de espacios abiertos y que hoy en día supone un atractivo turístico para conocer las ciudades desde las cubiertas. El paso a la fotografía se consigue cuando la proyección se hace sobre un material sensible para que quede fija en un “fotograma” (escrito con luz). Este procedimiento está mostrado con muchísima poesía en la película La cámara oscura de María Victoria Menis:


La cámara oscura (María Victoria Menis, 2007).

En cambio, la linterna mágica es un instrumento que proyecta ampliadas hacia el exterior las imágenes presentes en una placa de vidrio: al principio estas transparencias eran dibujos (imagen de ficción) y más tarde, con la invención de la fotografía, pasaron a ser diapositivas (representación de la realidad). En cualquier caso eran imágenes estáticas que se empleaban, sobre todo, para la docencia. El paso a la cinematografía se consigue cuando la técnica permite proyectar sucesivos fotogramas que dan la sensación de movimiento. Este procedimiento es mostrado de manera nostálgica por Ingmar Bergman:


Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982).


Por ello no ha de extrañarnos que La linterna mágica (1987) sea el título escogido por este genial director para sus memorias. Es un relato ameno y ágil que narra con absoluta sinceridad los acontecimientos más íntimos de una vida que se confunde con su propia obra (1918-2007). Nos permite conocer el sentido y el contexto de muchas de sus obras a través de la personalidad del autor; sin proponérselo, nos habla incluso de la mentalidad de una sociedad y del arte como forma de construir el mundo. Sin embargo no existe ninguna sospecha de justificación ni afán intelectualoide ya que no se sale de la narración de la historia y no confunde la grandeza de su obra con sus debilidades humanas. Como si del guión de una de sus películas se tratara, comienza con su nacimiento y termina con éste, que ya no resulta el mismo tras compartir las inquietudes de su alma a lo largo del libro. El gusto por las descripciones, las composiciones de lugar, las reflexiones entremezcladas con el desarrollo de la historia… denotan su forma creativa de ver el mundo, con toda la sensibilidad y crueldad de las que era capaz. Especialmente revelador resulta el episodio del cinematógrafo, cuando el autor nos confiesa la decepción que sufrió en Navidad al descubrir que le habían regalado a su hermano un cinematógrafo: aulló, se puso debajo de la mesa, gritó, se fue corriendo a su cuarto, pensó en escaparse, se fue a la cama… Pero no lloró, sino que a medianoche se despertó y le propuso a su  hermano cambiárselo por sus cien soldados de plomo. La recompensa a su tenacidad y astucia vendría al descubrir que la proyección que acompañaba a la máquina era sobre la Diosa del Amor. Y es que las mujeres han sido otro referente fundamental en su vida…

La linterna mágica es la metáfora del alma de un artista que a través de sus películas nos va desvelando episodios y personajes autobiográficos; sobre todo en esta última etapa en la que rueda un cortometraje sobre su madre (El rostro de Karin, 1984) y una película -ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1983- donde el protagonista es un niño con sus mismas ilusiones y miedos (Fanny y Alexander, 1982). Como una linterna mágica nos proyecta su vida a la luz del proyector, poniendo en evidencia lo que encerraba la máquina. 

lunes, 22 de abril de 2013

Stico. Jaime de Armiñán, 1984

Ficha  técnica: Título original: “Stico”. Producción: Enrique Bellot para Serva Films, 1984. Dirección: Jaime de Armiñán. Guión: Jaime de Armiñán y Fernando Fernán Gómez. Fotografía: Teodoro Escamilla. Música: Alejandro Masso. Montaje: José Luis Matesanz. Duración: 105 minutos. Intérpretes: Fernando Fernán Gómez (Leopoldo Contreras), Agustín González (Gonzalo Bárcena), Carmen Elías (Sra. Bárcena), Amparo Baró (cocinera), Mercedes Lezcano (asistenta), Manuel Zarzo (conductor), Bárbara Escamilla (niña), Vanesa Escamilla (niña).

Argumento: D. Leopoldo Contreras, catedrático de Derecho Romano ya retirado, se ve al final de sus días reducido a la pobreza y haciendo pequeñas traducciones de los clásicos para poder vivir. En el trance de liquidar lo poco que le queda, una magnífica biblioteca jurídica, es reconocido por un antiguo alumno, Gonzalo Bárcena, jurista de prestigio, quien toma conocimiento de la situación en que se encuentra su viejo maestro. Unos días después, el veterano profesor le propondrá a su discípulo convertirse en su esclavo a cambio sólo de alimento, cobijo y vestido. Tras una ligera resistencia y un tanto de cinismo, Gonzalo acepta el trato sin imaginar el calado de las consecuencias del paso de Stico por su vida y la de su familia.




Ambientación: En los inicios de nuestra democracia, Jaime de Armiñán propone a Fernando Fernán Gómez que participe en un proyecto cinematográfico en el que el personaje protagonista es un ciudadano honorable (ni más ni menos que todo un catedrático de Derecho Romano) que decide voluntariamente convertirse en esclavo porque -en palabras suyas- ha perdido una batalla contra la sociedad. Fernán Gómez ya había interpretado ese mismo año el papel de un profesor de universidad retirado en Los zancos (Carlos Saura, 1984) pero ahora se aleja del espíritu romántico de este personaje y trata de aportar un enfoque irónico a la nueva situación que se plantea. Es por ello que su participación en esta obra no se reduce a la de actor (reconocida su enorme versatilidad en diversos géneros) sino que se incorpora como guionista (precisamente en estos años desarrolla más su faceta de escritor), con toda la carga ideológica que le plantea su condición personal de anarquista y propensión a la sátira.

En nuestra sociedad existen otros tipos de esclavitud que no se identifican con el estereotipo que se sugiere musicalmente por medio de las work songs afroamericanas o que se evidencia en la ingenua conversación entre las niñas. El pájaro enjaulado sería un símbolo clásico de la falta de libertad y la gallina otro, que se hace parlante de manera fabulosa para descubrir la realidad del hombre inmerso en una rutina a la que está sometido de manera inconsciente por el trabajo; en contraposición, aparecen las figuras del huelguista que reclama una mejora de sus condiciones laborales o la esposa del discípulo que es una mujer moderna e independiente. Pero ésta no es la única cualidad que define esta nuevas formas de esclavitud encubiertas, sino que va unida a la idea de ausencia de responsabilidad. Un esclavo no es sólo alguien que no es libre sino también alguien que no es responsable de sus actos porque obedece ciegamente las órdenes de su dueño.

Sólo cuando cada uno de los miembros de la familia es consciente del alcance de la idea de esclavo se ven en la imperiosa necesidad de restituir la libertad a ese hombre. Será en estas circunstancias cuando terminen de aprender la última lección que les da el viejo maestro, que les abre los ojos ante el valor de la dignidad del hombre y de su inalienable libertad.

Valoración: Se nos presenta un film en el que el absurdo, la visión pretendidamente deformada de acontecimientos cotidianos, nos sirve precisamente para interpretar una realidad -la limitación de nuestra libertad por muy diversos motivos- que, por cercana, no deja de ocultarse a nuestros ojos. Esta obra no se sirve de grandes recursos fotográficos, musicales o narrativos sino que su valor estriba en la crítica social a partir de la ironía. Asimismo, el momento histórico no puede ser más oportuno para tratar cuestiones tan actuales y sensibles en aquel momento como los derechos, las libertades, la Constitución… Ciertamente éste es un momento de introspección creativa en la vida de Fernando Fernán Gómez que coincide con un fecundo desarrollo de su faceta literaria y de director. La paradoja es que se le premiara por este trabajo en el Festival de Cine de Berlín de 1985 no por estos méritos, sino sólo con el Oso de Plata al mejor actor.

domingo, 17 de marzo de 2013

El tiempo sellado

Éste es el título original del sugerente libro que sobre arte, estética y poética del cine escribió el director Andrei Tarkovski (1932-1986). Si crucial ha sido su aportación a la historia del cine con tan sólo siete películas, estas notas escritas a lo largo de su carrera resultan imprescindibles para comprender su novedosa y revolucionaria teoría del cine. Para quien lo concibe como un medio de expresión propio no sería coherente intentar explicar con palabras lo ya dicho por medio de imágenes; pero, al contrario de como pudiera esperarse, estas reflexiones no están encaminadas a justificar o explicar sus creaciones sino que se muestran como un ejercicio personal de discernimiento sobre la finalidad del arte y el proceso creador.

Para Tarkovski, el cine no es literatura, pintura, fotografía, música… -nisiquiera una “obra de arte total” que las abarque a todas-, aunque se valga de un guión, el color, los encuadres, los sonidos… como recursos técnicos; quiere alejar el “hecho fílmico” de cualquier manifestación artística aunque se valga de ella. En verdad, la esencia del cine es la de que el espectador viva el tiempo no vivido; lo ideal sería poder reproducir la vida de una persona tal cual es pero, no siendo posible, Tarkovski la concentra cinematográficamente compartiendo a través de los hechos las sensaciones vividas. Por lo tanto, la especificidad del cine reside en su capacidad de “esculpir en el tiempo” (título español de la obra) las relaciones sutiles entre los fenómenos de la vida.

De este modo, la presencia recurrente del agua -en sus múltiples manifestaciones- o de caballos en su obra no representa un símbolo cerrado (no tiene un significado concreto forzado) sino que es una imagen expresiva que invita a intuir poéticamente una realidad trascendente y experiencial común a todo ser humano, por encima de códigos culturales (estilos o ideologías). Esto lo conduce al compromiso ético del artista para proclamar la condición transformadora del arte como desvelamiento de la verdad. En la práctica se traduce en el sentido abierto de unas películas que transforman en co-creador al espectador, el trabajo psicológico de los actores, su menosprecio de la idea de género cinematográfico, su huida de la narración discursiva, la selección intencionada del sonido ambiente…

La genialidad de esta figura consiste en plantear las grandes cuestiones del hombre trascendiendo de su propia biografía (aunque sea inevitable que subyazca en su obra) y superando la triple censura a la que fue sometido por las autoridades soviéticas (en el guión, montaje y distribución). Por todo esto, “El tiempo sellado” es un libro único, no tanto para leer lo que decía Tarkovski de sus propias películas, como para enriquecerse con la hondura y claridad de sus pensamientos sobre cine y cultura.

Filmografía:
- La infancia de Iván (1961); lo tremendo de cualquier conflicto armado
- Andrei Rublev (1966); la condición sufriente del artista que busca la belleza/verdad desde la realidad vivida
- Solaris (1972); el conflicto moral entre la conciencia y la responsabilidad
- El espejo (1974); recuerdos de su propia vida
- Stalker (1979); el problema de la fe en la tensión dialéctica entre lo originario y lo racional
- Nostalghia (1983); el sentido de identidad o el sentimiento de pertenencia a un lugar
- Sacrificio (1986); la búsqueda de la felicidad